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PRESERVACIÓN DEL
TEMPERAMENTO
Hasta la mitad del siglo pasado el Fila vivía y
trabajaba en las grandes fazendas en el interior de Brasil,
cumpliendo su tarea de boiadero y defensor de la casa principal.
En general vivían sueltos y cada persona que se
acercaba a la “casa grande” de la fazenda era recibida por los
Filas que, mostrando su famosa ojeriza, su desconfianza hacia
los extraños y al mismo tiempo su instinto de defensa, paraban
al visitante. Este no tenía el valor de salir del coche o de
desmontar de su caballo hasta que apareciera el dueño de la
fazenda quién, alarmado por tanto ladrido salía y con una sola
orden dominaba a sus Filas. Solo en aquel momento el visitante
podía entrar en la casa. Por la noche los Filas se comportaban
con más contundencia y era muy peligroso acercarse a la casa o
entrar en el terreno de la fazenda.
Este era el comportamiento normal del Fila.
Mostraba una agresividad controlada. Adoptaba una actitud
amenazante, que podía convertirse en un ataque cuando el
visitante no respetaba los límites impuestos por el Fila. El
Fila tenía un carácter muy equilibrado, pero si algún ejemplar
mostraba una agresividad descontrolada, era eliminado por el
dueño de un tiro en la cabeza. Se efectuaba en esta manera una
selección del temperamento correcto durante toda la historia de
la raza como perro de trabajo.
Cuando llegaron los tiempos modernos al campo
Brasileño, los Filas perdieron su trabajo. Los camiones y trenes
transportaban el ganado a los mataderos, y así los viajes con
centenares de cabezas de ganado, dirigidas por vaqueros y Filas
durante muchas semanas, se convirtieron en folklore.
En muchas fazendas se cambió el ganado de carne
por ganado de leche y en este caso ya no hacía falta el trabajo
del Fila porque una vaca agitada por un perro producía menos
leche.
También la combinación del desinterés del dueño
por un perro que ya no servía más para trabajar, con el miedo
que tenían al Fila los trabajadores de la fazenda, motivó su
rápida desaparición de la escena en el campo, siendo matado a
tiros o golpeado hasta la muerte.
A mitad del siglo pasado el Fila comienza a
entrar poco a poco en la cinofilia empujado, por un lado, por el
interés de los cinófilos de la época y, por otro, por los
pioneros de las fazendas que nunca abandonaron la crianza de la
raza porque amaban al Fila y, al mismo tiempo, encontraron una
nueva fuente de ingresos en la venta de cachorros.
Uno de los nombres más famosos de aquel período
es el Dr. Paulo Santos Cruz, considerado el padre de la raza,
quien rescató muchísimos Filas de fazendas del estado de Minas
Gerais. También tuvieron un papel muy relevante los
fazendeiros-criadores como José Gomes y Pedrinho do Engenho.
Poco a poco aumentó la cantidad de Filas criados
por aficionados que, en vez de vivir en libertad en el campo,
comenzaron a ocupar las perreras, jardines o patios de casas
urbanas. El trabajo principal que el Fila debía desarrollar
desde aquel período en adelante era la defensa de la propiedad.
De repente –a partir de la segunda mitad de la década de los
setenta- el Fila se convirtió en un objeto de moda y muy pronto
fue la raza “estrella” en las exposiciones caninas. No era raro
llegar a cien ejemplares de Fila en un ring, admirados por un
público numeroso.
Nunca he asistido a un espectáculo semejante,
aunque he podido leer en las viejas revistas caninas los
testimonios de muchas personas y jueces. Según mi impresión era
un evento sensacional: Los jueces observando a los ejemplares
desde una distancia respetable, alguno con una silla en las
manos -no para provocar el perro, al contrario, sino para su
propia defensa- porque en el Standard de entonces se podía leer:
“Como resultado de su temperamento, en las exposiciones no
permite ser tocado por el juez, y si le atacara, no debe tal
reacción considerarse como una falta, sino apenas una
confirmación de su temperamento”
Este párrafo se eliminó en el primer cambio del
Standard en 1976. Se incorporó nuevamente a la versión del
Standard de 1984, y en el año 1987 se quitó por segunda vez.
Se realizaba el test de temperamento, que era
obligatorio para todos los ejemplares mayores de 12 meses para
obtener el título de Campeón, en todas las exposiciones
especiales. En las exposiciones generales dependía del criterio
del juez su celebración o no, pero siempre fuera del recinto
para no agitar a los perros del resto de razas participantes en
aquel acontecimiento.
La actuación de algunos Filas en aquel periodo se
convirtió en un espectáculo poco digno porque sus dueños no
sabían controlarlos. Al contrario, les agitaban de manera
exagerada y ocurrían muchos accidentes consistentes en mordiscos
y ataques al público ingenuo que asistía a las exposiciones.
Últimamente ha desaparecido del Standard también
la parte del test de temperamento que en realidad hace ya muchos
años no se celebra en Brasil.
Temperamento del Fila en las fazendas vs
Temperamento del Fila de los setenta/ochenta
Posiblemente el Fila de fazenda tenía una vida
más corta, por falta de cuidados veterinarios y por peligros en
forma de ganado bravo, serpientes y otras circunstancias
hostiles del campo. Pero vivió como un rey en cuanto se refiere
a su libertad, tomando sus propias decisiones, cuidado por un
desarrollo de carácter equilibrado.
El Fila guardián tenía un horizonte más limitado,
sin salir casi nunca del jardín o del patio de su casa.
Probablemente carecería de una socialización consistente en
conocer ambientes distintos de su relativamente pequeño recinto,
que sirve para aumentar la autoconfianza al perro, y sin duda
alguna fue más peligroso que su colega de fazenda.
En un articulo titulado “Fila: ahora más social”
en la revista Caes y Cía. de noviembre de 1997 leí que los
criadores de Filas, conversando con los jueces, descubrieron que
el Fila tendría más posibilidades de ganar premios en las
exposiciones el día que los jueces pudieran tocarlos. Desde
entonces muchos criadores en Sao Paulo empezaron a socializar
sus Filas.
Falta mencionar el hecho del cambio de aspecto y
de carácter del Fila por culpa del mestizaje. Al cruzar razas
ajenas con el Fila puro se cambiaron el tipo y el temperamento
originales. No fue difícil moldear estos perros hasta que se
logró un animal que se dejara tocar en el ring, convirtiéndose
en un perro de show de primera categoría. También los “handlers”
brasileños, que se encuentran entre los mejores del Mundo,
jugaron aquí por supuesto un papel muy importante. Desde
entonces el Fila ha ocupado muchísimas veces el lugar de Mejor
de Grupo, o incluso Best in Show en las exposiciones generales,
por gran alegría de sus dueños y criadores.
En el año 1997, en el programa de televisión
“onze e meia” del muy conocido presentador Jô Soares, este señor
mencionó al Fila Brasileiro calificándolo de “peligroso” y “con
mal carácter”. Algunos criadores se pusieron furiosos y mandaron
un centenar de faxes como protesta por esta infamia. Para calmar
los ánimos excitados el presentador invitó a un conocido criador
del estado de Sao Paulo a su programa. El criador se presentó
delante de las cámaras con cuatro Filas sueltos. Los animales se
comportaron muy tranquilos. A continuación el criador invitó al
pianista del quinteto del programa a acercarse y acariciar a uno
de los Filas, y el animal se comportó tan simpático que el
pianista llegó a besar la cabeza y poner su mano en la boca del
animal. Finalizada esta demostración, el criador llevó un Fila
al público, que podía acariciarlo. “Misión cumplida”, con estas
palabras terminaba el programa. Y yo me pregunto ahora: ¿Qué
misión? ¿La del destrozo total del Fila? ¿La creación del
“Fila” caricatura?
Otra vez me pregunto: ¿Dónde está el Fila
original?, el Fila de fazenda que fue un animal más pobre que
sus colegas de ciudad, pero que fue un rey porque tenía una cosa
de gran importancia: su carácter auténtico y su dignidad.
Resumiendo
Una vez en manos del hombre, lejos de su hábitat,
hemos visto durante las ultimas tres décadas unos extremos:
Por un lado algunos dueños y criadores – sin
conocimiento de imprinting ni socialización – agitaron el fila
hasta tener un producto incontrolable, que de verdad merecía la
calificación de peligroso.
La reacción fue una socialización absurda,
logrando una caricatura con carácter blando que se deje tocar
por todos.
Lo que merece el Fila Brasileiro y lo que la
mayoría de los dueños desea ahora, es un perro equilibrado,
mostrando su ojeriza hacia los extraños y con un fuerte
temperamento, ejecutando un ataque con autoconfianza sólo cuando
la situación lo requiere. Los dueños tienen una responsabilidad
muy grande hacia su ejemplar de Fila y hacia la sociedad. Por
eso no es un perro para cualquiera.
La preservación del temperamento original del
Fila no es una cosa muy fácil. Muchos de ellos han perdido gran
parte de su carácter original y es de suma importancia efectuar
una selección en la crianza de la raza.
Por eso el test de temperamento es muy
importante. Aquí no me refiero a la agitación hasta la histeria
del animal. No. Son los especialistas los que deben efectuar el
test y jueces expertos los que lo evalúen. Es importante la
ojeriza que demuestre el Fila y la autoconfianza para – cuando
llegara el momento justo – efectuar un ataque controlado. Por
supuesto un buen sistema nervioso es la basa fundamental. No
deseamos un cobarde que muerda por miedo a ser atacado, tampoco
queremos una agresividad desproporcionada. Queremos un Fila con
seguridad en si mismo, que no tenga miedo ni del diablo, pero
que sepa juzgar la situación en que se encuentra.
Según mi opinión ha sido un error grave de quitar
el test de temperamento del standard. En la actualidad sólo dos
clubes especializados efectúan el test de temperamento en
Brasil. Son el CAFIB y UNIFILA.
En el extranjero se desarrollan tests de
temperamento combinados con tests de sociabilidad en las
exposiciones especializadas de varios clubes de Estados Unidos,
México, Republica Checa y España. El test de sociabilidad es una
prueba donde dueño y Fila demuestran ser capaces de moverse en
público sin causar incidentes, donde el Fila demuestra ser un
animal equilibrado y donde el dueño demuestra ser capaz de
dominar su ejemplar en varias situaciones. Muchos criadores
brasileños por fin se han dado cuenta de que en muchos países
del mundo hay grandes aficionados de la raza, que han logrado
buenos resultados con la relativamente pequeña cantidad de
material genético que tienen a su alcance, y que están
trabajando en pro de la preservación de una de las
características más importantes de esta raza: su temperamento.
Aparte del error que supuso el mestizaje de los
años setenta/ochenta del siglo pasado, los criadores brasileños
están afrontando ahora otro gran error: haberse inclinado ante
la presión de la cinofília internacional donde ha surgido la
tendencia de ablandar el carácter de las razas de guarda, hasta
la pérdida total de su temperamento original. Ojala que hagan
algo positivo porque gran parte de la raza y toda la
responsabilidad de la vuelta del test de temperamento están en
sus manos. |